Dr. Kay Uwe Sander Mangel
Un médico brillante no solo es sobresaliente por su capacidad técnica; puede serlo si se esfuerza un poco más que la mayoría, dado que muchas personas se esfuerzan únicamente lo necesario para cumplir. Pero para ser verdaderamente brillante se requiere ese “algo” especial.
El Dr. Kay Uwe Sander Mangel lo tenía, y mucho más. Era fascinante ver cómo funcionaba su mente, como si operara en otro nivel. A su talento natural se sumó un entorno que potenció aún más sus capacidades: en este país, y en el Hospital Calderón Guardia, encontró una afluencia de pacientes y una complejidad clínica que fortalecieron y refinaron sus ya extraordinarias aptitudes.
Maestro de estudiantes, residentes y ginecólogos de todo el país y de Latinoamérica. Un médico reconocido que nunca estuvo interesado en la fama ni en la admiración. Trataba a todos con el mismo respeto, desde el estudiante de medicina hasta el especialista que tenía enfrente. Fiel a su pensamiento y a su manera de entender la medicina, incluso cuando no era fácil para muchos comprenderlo.
Su práctica estaba firmemente basada en la evidencia, en un conocimiento profundo y en el respeto genuino y el cariño que sentía por sus pacientes. A menudo veíamos cómo personas con diagnósticos ominosos permanecían tranquilas, e incluso esperanzadas, gracias a la forma humana y clara con la que el doctor les brindaba atención.
Su ausencia es una pérdida enorme para el mundo de la ginecología y la obstetricia. Fue uno de los médicos más brillantes de la medicina moderna. Será recordado por generaciones no solo por su ciencia, sino por el ser humano que fue: por el trato hacia sus pacientes, por la generosidad con la que enseñó su conocimiento sin guardarse nada, y por el ejemplo de humanidad que dejó en este mundo.
Cualquier descripción del Dr. Sander se queda corta, como médico, maestro y persona un ser muy valioso.